No corazón, el regocijo de las almas no es el momento del amor, es ese instante fugaz del placer criminal bajo las sábanas ajenas, entre piernas desconocidas, por los caminos prohibidos. Sudando los poros de pasiones perecederas pero diametralmente libres, presagios de tormentos y noches atormentadas; libros abiertos en latín que nos empeñamos en traducir a palabras nuestras. No corazón, no es amor lo que habita en mis ojos, antes bien el reflejo de mis deseos.
Tú como navajita de rasurar: úsese y desechese.
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